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San Telmo infinito: un barrio para descubrir una y otra vez

«La gente de San Telmo es re educada» le escuché decir a una mujer en Av.Brasil al 300, a pasos de la Iglesia Ortodoxa Rusa, y con el correr de las cuadras comprobé cuanta razón tenia. Estamos hablando de uno de los barrios más concurridos en fines de semana y feriados donde hay calles que se hacen muy difíciles de transitar y de todas las veces que fui (en especial esta que me propuse descubrir el barrio con todos los sentidos) jamás escuché, como bien diríamos los porteños, una puteada ni una cara larga. 

San Telmo es el barrio más viejo de la ciudad de Buenos Aires y a sus costados lo custodian dos que también se las traen: La Boca y Puerto Madero. Por su longevidad no es de extrañar que también sea conocido como el barrio de las historias y recovecos. San Telmo es un barrio de paseo, un barrio que hay que transitar y estar atento a cada uno de sus detalles. Un barrio con historia…

Tenía una ruta marcada y salí rumbo a fotografiar esas calles con adoquines donde viví algún tiempo, pero cuando llegué decidí no guiarme por las direcciones que había anotado, sino que iba a descubrirlas por mis propios medios.  Y al terminarlo, descubrí lo que ya suponía: nunca me había parado a observar en detalle lugares tan emblemáticos como la Casa Rosada.  No conocía nada, absolutamente nada a pesar de haberlo transitado de pasada varias veces.

Cabildo de Buenos Aires


Me bajé del subte en la estación Catedral y solo basta mirar para arriba mientras subís las escaleras para que te de la bienvenida un Cabildo imponente. «¿Cómo es posible que nunca haya entrado?» pensé. Uno de los lugares más importantes de Buenos Aires, donde sucedieron grandes cosas, donde había pasado miles de veces por su galería, estaba ahí. Invitándome a atravesar la puerta que dejaría mi ignorancia en plena calle Bolivar.

El museo y las exposiciones del Cabildo son muy buenas pero una de las partes más llamativas de toda la visita era el balcón, desde donde se puede tener una vista panorámica de la zona. Enfrente de él -y como quien diría en el medio de dos grandes- la remodelada Plaza de Mayo. Del otro, la Casa Rosada. La plaza se convierte en un lugar acalorado a la hora de protestar y fue escenario de varios acontecimientos inolvidables de la historia argentina.

A la izquierda la Catedral Metropolitana y el Banco Nación, unos metros más adelante, completan la escena. Mil veces me perdí en esa zona. Ir en día de semana quizá te hace desorientar un poco porque los oficinistas, los cadetes,  y los que hablan por teléfono en la puerta de sus trabajos, tienen un ritmo tan acelerado que te hacen acelerar a vos. No hay tiempo para que te pierdas, no hay tiempo para que encuentres esa calle. Sólo tenés que caminar y unirte al ajetreado ritmo porteño. Pero esta vez, era sábado y  las calles estaban ahí, tan claras como nunca antes lo había percibido. Jamás me había percatado de todos los caminos que salen de un solo lugar: La gran Plaza de Mayo. Y por fin me ubiqué con las dos diagonales que le dan dolor de cabeza a más de uno: las famosas Diagonal Sur y Norte que se llevan todos los premios a la hora de desorientarte.

Catedral Metropolitana

Después de mi momento con las calles céntricas de un Buenos Aires que regalaba un cuasi tibio día otoñal, empecé a caminar por Defensa, epicentro de la Feria de San Telmo los domingos. No por nada elegí ir un sábado en vez del domingo. El domingo es el día más caótico y quería poder fotografiar el barrio un poco más «limpio», más vacío. Si hubiera ido al día siguiente, no iba a poder sacar con mucha claridad algunas de las fotos que se vienen más adelante.

Av. Belgrano y Defensa. Cualquiera que pase por esa esquina no le va a resultar indiferente la gran Iglesia que hay allí. Que en realidad, el modo correcto de llamarlo seria «La Basílica de Nuestra Señora del Rosario y Convento de Santo Domingo» y la cual tiene un detalle en su entrada: el mausoleo donde se encuentran los restos de Manuel Belgrano y los de su padre.

La Basílica de Nuestra Señora del Rosario y Convento de Santo Domingo

Para ese momento ya estaba en busca de un lugar al que había descubierto por casualidad unas semanas atrás cuando buscaba con mis amigas algo para tomar, y que no tenia una cámara como la gente para capturar el momento: La Casa Mínima en el Pasaje San Lorenzo. Esta casa, como bien su nombre lo indica, es la casa más angosta de toda la ciudad. ¡Tiene 2,5 metros de ancho y 13 de profundidad! Muchas son las historias que giran en torno a ella, lo cierto es que ahí está, en su impecable estado y forma parte  del Zanjón de Granados.

Fachada de la Casa Minima

Seguí por Av. Independencia y luego de toparme con un mural tanguero que ni sabia que existía, me encontré con El Viejo Almacén que nada tiene que ver con ese lugar donde se hacen compras de alimentos. Es una tangueria emblemática que está declarada sitio de interés cultural y que antes de ser un espacio donde se le saca viruta al piso, supo ser un restaurante ruso. Algo me hace pensar que ese mural no está justo ahí por mera casualidad.

El Viejo Almacén

 

Mural Tanguero

A muy pocas cuadras de allí, se encuentra el Mercado de San Telmo, un lugar en el que gastronomía, es la vedette del paseo. Hay de TODO y sólo por nombrar algunas, verdulerias, cafeterías, heladerías y puestos de comida ad infinitum. Hay pastas, comida al paso, pescados. Me seria imposible nombrar todo. Es un lugar increíble y vale completamente la pena.

Mercado de San Telmo

Ya quedaba poco del paseo por el barrio que le hace honor a Don Pedro Telmo, así que fui tras el lugar donde podía ver algo de Rusia, La Iglesia Ortodoxa Rusa. Es una iglesia que fue inaugurada en 1904 y creada para fines no turísticos, pero al destacarse esas cúpulas azuladas entre los rascacielos porteños y al recibir gente con interés de saber más de ella, empezaron a aceptar las visitas con tal fin. Las cúpulas fueron creadas en San Petersburgo y adaptadas en la ciudad de Buenos Aires.

Iglesia Ortodoxa Rusa

Solo cruzar la calle, descubrí que el Parque Lezama tiene su encanto especial con sus jarrones, estilo particular y que limita con el barrio de La Boca. «¿Ahí viviste vos?» le preguntó un nene de unos 7 años a su papá. «Yo no, pero tu abuelo si» refiriéndose a los conventillos del barrio boquense, hogar de los inmigrantes que llegaban de distintas partes de Europa. Instantáneamente me generó una sonrisa con tintes de nostalgia. Mi bisabuelo, Gennaro, también fue un inmigrante y fantasee por un segundo con la idea de que quizá se hubieran conocido. Total, somos libres de completar los baches de la historia a nuestro gusto…

Me fui de San Telmo con la certeza de quizá, volver el próximo fin de semana a conocer algo nuevo. Porque es eso, un barrio para redescubrir. Un barrio que nunca terminamos de conocer porque es hermosa y misteriosamente, infinito. Recorrerlo fue hacer el ejercicio de poder ver de otras manera lo que siempre tuve en frente. De buscarle otros matices y colores. Nuevas formas de pensar.

Creo que ya tengo nuevo barrio favorito.

Viajera. Independiente. Escribo todo lo que pienso, siento y quiero hacer. Compulsiva tomadora de fotos.

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